Tengo un amigo, bueno varios amigos en realidad, pero uno en especial, él, se podría decir, es el que tiene más "estrellas". Somos amigos desde que nos vimos practicamente, aquel primer día de clases de primero medio; por cierto, él es quien me invita a sus club de toby, de hecho tengo la teoría de que aún no se da cuenta de que soy niña y no niño jajaja, pero eso por mi esta bien.
Hasta hace unos meses ambos estábamos emparejados (cada uno con su respectivo claro está) y singularmente teníamos historias parecidas he incluso terminamos casi en la misma fecha, con la salvedad de que a él lo despacharon y lo mio fue al revés, pero para el caso, al final de un tiempo andábamos los dos como despojos humanos, él por la susodicha y yo por un nuevo personaje con el que no resulto el asunto. Así que como buenos amiguitos nos 'prestábamos ropa' el uno al otro y sobrevivíamos con el tema (como gente ruda que somos).
Como les había contado antes, ya se ha hecho casi una tradición los carretes de fin de semana con los "niños" en el departamento de mi amigo; aproximadamente cinco personajes más yo, arreglando el mundo y bebiendo hasta cocernos el hígado. Excelente!, aparte del ambiente y hablando desde mi ego, a quien no le gustaría sentirse con toda esa atención, en esos momentos podríamos decir que ese es mi castillo y ellos mi corte.
El tema es que este amigo encontró nueva novia y ayer fue la presentación en sociedad por así decirlo, ella (opinión de amiga), mm si linda, simpática? sí, se podría decir que sí, decente; en sístensis se podría decir que está bien calificada; salvo porque tiene diez y ocho y es alumna de mi amigo el resto está bien. La reacción de los niños, tomado en cuenta que su agenda social de amigas es casi nula: no desesperaron por ella, al menos aun me sentí con privilegios (bueno el hecho de que no se despegaron en toda la noche no ayudaba con su sociabilización) hasta ahí, todo relativamente bien, obviamente era extraño no poder conversar todo lo que quisiese con él o contarle todo lo que quería contarle, pero lo comprendo.
Hasta cuando empecé a notar que mis privilegios cedían.
Punto uno: ya no dormiría en la cama de dos plazas. Relegada a la cama de mierda de una plaza, dura, sonora e incomoda.
Punto dos: ya no tendría mi asiento reservado adelante. Relegada directamente al asiento de atrás.
Punto tres: ya no me irían a dejar hasta la casa. Obligada a tomar dos transportes con todo el dolor de espalda, sueño y lata.
Para que les voy a mentir, yo también he odiado a las amigas de mis machos, pero cuando la cosa va al revés...Lo reconozco se me sale la yegua celosa que llevo dentro... y qué?!! En mi reino mando yo!!